Experiencia estética en el arte contemporaneo
He decidido colocar otra entrada para facilitar y organizar los contenidos. Y he copiado las entradas de las personas que lo colgaron antes de la misma.
24 Marzo 2007
He decidido colocar otra entrada para facilitar y organizar los contenidos. Y he copiado las entradas de las personas que lo colgaron antes de la misma.
Todo comienza con una idea y un concepto, luego es desarrollada y culmina en una manifestación artística. La obra al ser mostrada ejerce sobre el espectador una experiencia estética, por consiguiente estamos en disposición de efectuar un juicio de gusto. El interés reside en la aceptación del trabajo por la generalidad, motivo este que es perseguido por el artista y que sirve de adecuación para el proceso evolutivo futuro.
Contemplar una obra o una exposición es una decisión propia y legítima que provoca en el individuo la oportunidad de cultivar su conocimiento y experiencia. Partiendo de la premisa de que un juicio de gusto contiene tres estados que lo definen: es universal, no aporta conocimiento y es realizado desde el desinterés, podemos afirmar en un grado a determinar la sensación que nos causa un objeto.
Esta experiencia es inscrita en una categoría estética que viene dada por nuestra sensibilidad. La subjetividad es una constante en cualquier ámbito, así pues, la creación artística se encuentra expuesta a un constante flujo de controversias. De cualquier forma, nuestras experiencias, conocimientos y educación sirven como motor de evolución derivando hacia tendencias muy diversas.
Como aportación estética puedo apuntar la vivida no ha mucho tiempo atrás. En la sala Catedral Gallery se presenta estos días la muestra "3+1", la primera sensación fue muy agradable, el espacio emanaba una cálida sensación reconfortante; un lugar amplio, sutil, apropiado para albergar cualquier manifestación artística.
En este estado de bienestar los ojos se orientan hacia uno y otro lado ávidos por encontrar algo que nos sugiera una atención especial. Observo un cuadro titulado París, Notre Damme del pintor Vicente Ruíz, una obra de gran formato (195x130cm) donde mi atención se centra en la sensación que me produce. Como contrapunto al espacio en que se encuentra esta obra hace invertir mi entusiasmo tornándose en decepción, la obra que tenia en frente me resultaba patética, tanto por su composición técnica como por su ejecución.
En ese momento, percibo la subjetividad del mundo del arte, si todo es subjetivo no existen reglas solo tendencias que nos llevan hacia un lugar donde son o no son admitidas por la generalidad. A tenor de esto y como conclusión hacer una referencia a un fragmento de " El Incremento" donde dice: "Yo soy mi empresa. Tengo mi empresa como proyecto y mi proyecto como empresa. Es duro. No estoy triste. Veo a los que quiero todo lo que puedo. Tengo que creer en el siguiente paso de mis pasos enmarcados en esta empresa".
Bueno, si estamos discutiendo sobre la experiencia estética es porque, en todos los siglos que se lleva utilizando ese término, al igual que ocurre con “la belleza”, aún no se le ha dado un significado cerrado, una definición válida, única y universal. Me parece especialmente chocante la presunta definición que ofrecen Marta y Publio (extraída de “La soberanía del arte” de Christoph Menke): “experiencia estética como quiebra en la comprensión automática de los signos generada a partir de una propuesta artística, lo que implica la aceptación de la autonomía del arte, no como espacio sino como discurso autónomo”. Si no lo entiendo mal, proponen la experiencia estética como ese “no dejarse leer en un primer momento” que hace del arte algo reflexivo y no cualquier otra cosa, lo que hace del arte, arte y por lo tanto, es propio a éste. En este sentido debo admitir que me siento más empática con opinión de los alumnos de Aurora Fernández (1+1) cuando al debatir sobre esta experiencia todos hablan “de los asuntos de la vida”.
Es posible que en el arte tan conceptual que domina en esta época se esté conceptualizando también el propio concepto de experiencia estética, o que se haya tratado de hacer siempre (todas aquellas veces que a lo largo de la historia del arte se ha pretendido educar a través del arte, a través de la exp.est.) pero, por lo menos para mi, la experiencia estética es algo visual, de la imagen, y es por eso que en esta sociedad visual que se impone, encuentro, como los alumnos de Aurora, pequeñas exp. est. en cada momento o objeto habitual. No por ello quiero restarle valor a dicha experiencia ni negar su capacidad de crear una actitud crítica, en la cual creo al cien por cien, pero me niego a cerrarla como algo propio del “mundo del Arte”
A pesar de ello, si creo que es imprescindible que la obra de arte vaya acompañada (o introducida) por una experiencia estética importante, para que ésta nos obligue a detenernos y reflexionar. Una creación, por grande que sea su carga conceptual, no pasa de ser un “documento” si no se ofrece mediante una representación visual estética.
Con respecto a autores, precisamente para este tema creo que seria muy adecuado mencionar a Chema Madoz, ya que su obra, un juego maravilloso de ingenio y metáforas, no sería nada sin el factor clave de la presentación estética. Él mismo se niega a admitir como obra los objetos que manipula y con los que confecciona sus imágenes, sino únicamente las fotografías resultantes, y esto, seguramente se deba a que, sólo en esa imagen final y en su impecable blanco y negro, es capaz de depurar la experiencia estética para ofrecer el instante elegido y perfecto. Si tanto los objetos como sus fotografías (en algunos de los casos) son ambos igualmente válidos para mostrar ese juego metafórico, ¿por qué no ahorrarse el fotografiarlos? Por que la imagen se impone estéticamente, el objeto, a mi parecer, ofrecido tal cual, haría gracia durante un corto periodo de tiempo y sería olvidado
Sobre la experiencia estética en el arte contemporáneo…veamos…;
Creo que las opiniones al respecto serán de lo más variadas, ya que es algo que ha generado mucha polémica tanto dentro como fuera del mundo artístico, sobretodo si al hablar de estética nos referimos a la estética de Kant, a la belleza inherente en la obra de arte, al placer que nos produce la mera contemplación de la obra…Y en mi opinión, ahí es donde se encuentra el problema, en la comparación, en dotar al arte de una esencia común a todas, y que normalmente se ha atribuido a su apariencia formal a reglas que deben cumplir las diferentes obras de arte…
Para mí, todo, absolutamente todo lo que tiene forma…tiene una estética…y en realidad la apariencia de las cosas nos transmiten unas sensaciones o percepciones determinadas, todos tenemos la capacidad mental de relacionar la apariencia formal de las cosas con lo que intuimos que se puede encontrar detrás…así, cuando observamos detenidamente a una persona, por ejemplo, podemos llegar a sacar nuestras propias conclusiones de cómo puede ser, cual es su estilo de vida etc..y lo mismo ocurre cuando entramos a una habitación ordenada o por el contrario, a un lugar donde reina el caos…nuestra percepción nos hace, irremediablemente, dar un paso más…pensar…;El pensamiento…lo conceptual…es algo de lo que no podemos prescindir y además, siempre está en continua actividad, no podemos desprendernos de los conceptos, de la ideas, ni abstraernos del todo cuando estamos en presencia de algo.
Creo que la diferencia entre el arte tradicional (por decirlo de alguna manera) y el arte contemporáneo, reside precisamente en el orden de los factores. En mi opinión, el arte del pasado intentaba simplemente representar ideas, conceptos, acciones, etc…y lo que realmente importaba era la forma plástica elegida para la representación, lo que se juzgaba era la plasticidad, la forma, la manera en que se utilizaba una u otra técnica…lo que se encontraba detrás de esa obra de arte formaba parte de un segundo plano. El arte de hoy, para mí ha invertido los factores, lo importante ahora es la idea, el concepto que queremos tratar y cuando hemos profundizado en ella, el segundo paso es el de darle forma, es como sintetizar todo ese contenido en una forma determinada. Aunque parezca raro, creo que el artista contemporáneo está mucho más inmerso en su trabajo, que lo que podía estarlo cualquier artista del pasado, al menos en el trabajo de investigación o en el ámbito intelectual.
Si tuviera que acercar estas dos maneras de hacer arte en el sentido de la experiencia estética, me quedaría con una palabra “sublime”; Por que? Porque dentro de la experiencia estética, es una de las pocas condiciones en las que el pensamiento ocupa un papel relevante a la hora de producir placer…un placer que no sería posible sin hacer referencia a nuestra condición intelectual, un placer que solo aparece cuando utilizamos nuestra razón, nuestro pensamiento…lo que nos hace sentirnos superiores.
A día de hoy, lo que nos hace sentir placer no es la mera contemplación de una obra, sino su invitación a hacernos pensar …nos produce un placer adicional, el placer intelectual.
Sinceramente, por experiencia, hay un tipo de obras que más que placer intelectual, me producen todo lo contrario…una sensación de impotencia e ignorancia que en ocasiones trato de disimular…porque no logro encontrar un sentido a lo que veo…y me siento aún más frustrada, cuando lo que he llegado a intuir no tiene nada, absolutamente nada que ver con la idea en que está basada la obra.
Lo que para mí es importantísimo es que haya coherencia en la obra…que su apariencia tenga mucho que ver con el concepto al que se refiere y que no confunda, al no ser que la ambigüedad, sea la idea a la que se quiere llegar.
Por esto, creo que como artista, intentaría siempre hacer el tipo de arte que yo, como espectador puedo entender (tanto formal como intelectualmente), no se si esto es o no lo más correcto, ni si funcionaría igualmente, pero los parámetros por los que hoy me muevo, y mi forma de hacer y dejarme hacer dentro del arte, dejan al descubierto muchas de mis debilidades como artista y espectador.
Por cierto, de los artistas contemporáneos…me quedo con Goya…jejejejejejjj
Olga
La experiencia estética es algo que no deja de generar teorías e intentos de generalizarla o definirla... quizá por el encanto de saber que no hay camino para hacerlo, podremos acercarnos más o menos, pero...
La magia está ante la imposibilidad de emplear palabras que sirvan lo suficiente para entrar en la cara oculta del arte. Cuando nos ponemos enfrente del papel en blanco, con o sin idea previa, creemos en la posibilidad de reproducir una emoción que nos ha sacudido, y queremos ver su réplica materializada por nosotros, para dejar secuela en los demás. Nadie puede decir, pese a que sólo busque expresar odio o rabia, que no le mueve el deseo de placer, por muy negativo que sea.
El resultado suele ser algo apto (generalmente, una obra) para pelearse sobre su "belleza", "fealdad", o buena capacidad para reflejar el concepto a partir del cual se creó. Para mí, reflexionar es algo a tomar en serio, pero adorno de un vacío si la mente no desconecta y se deja llevar algo más lejos... puede incluso ser el paso más difícil.
La obra es lo que ves cuando cierras los ojos, ahí no decidirás si la pincelada está o no estructurada, los planos bien montados, las notas acompasadas o la plasticidad mejor/peor conseguida de acuerdo a un referente. El miedo que puede existir ahora radica en la certeza de saber que no vas a encontrar a nadie que te diga si lo que ves te debe gustar, y explicarte el porqué.
Ponerse de acuerdo es algo difícil en un mundo contemporáneo donde las posibilidades de educarte y formar tu propio criterio han multiplicado la pluralidad hasta un límite insospechable. Ya no tenemos que complacer todos a una divinidad, o un rey, y la religión no significa nada fuera del ámbito estrictamente personal, ya no tiene sentido ser futurista porque el futuro es ahora...
El paraguas común de un movimiento o estilo de moda, común a todos ya no va a existir otra vez, así que cada uno ha de buscar el deseo y su propia experiencia artística dentro de sí, sin señales que guíen hacia dónde mirar.
En caso de que no se consiga, la frase de "el arte ha muerto" que predican los incapaces de lograrlo, será una realidad...
Tras hablar de mi visión y mis temores sobre el asunto, la experiencia que mejor se me ocurre relatar ahora ocurrió cuando visité ARCO (la edición del 2006). Después de pasar todo el día junto a unos cuantos compañeros, viendo una obra detrás de otra a toda velocidad, y naturalmente, sin tiempo para fijarse mucho, adivinar significados profundamente o plantearse preguntas... llegamos a falta de un rato para marchar al área de descanso que había en un rincón de la nave, donde habían plantado un iglú gigante de plástico inflado, para acostarse dentro a pasar un rato en silencio.
Haciendo eso, y formando parte pues de casi lo único de la exposición que no era una "obra de arte", conjunté mentalmente todo lo que había contemplado en las 6-7 horas anteriores, y en esa posición horizontal, sin haber abandonado todavía el recinto, disfruté realmente de haber hecho el viaje... seleccionando mentalmente las obras que recordaba de entre la gran cantidad, las que de verdad me habían gustado bastante.
No recuerdo ni siquiera el nombre del artista que hizo las fotografías de unas cajas de luz que me entusiasmaron por encima de todo, pero aún así éste es el momento de placer estético (con la contribución del placer físico de estar acostado tras un viaje desde Murcia primero, y a continuación andar sin parar) que mejor me viene a la cabeza ahora mismo para comentar.
Una obra de arte tiene que tener una fuerte presencia estética, la cual nos llama y centra para generar una transmisión de ideas, conceptos o sensaciones, mediante los cuales podemos llegar a reflexiones y conclusiones, pero no tiene que ser obligatorio. De esta forma está realizada o creada con una intención artística, formar parte del arte, pero sin despreciar ninguna temática, como la social. Lo que intento expresar es que un artista puede tener una tematica social y reivindicativa pero no se puede considerar sus acciones con las de un misionero o una especie de ONG.
El problema que podemos encontrarnos ante esto, es la generación de obras superficiales o de poco transfondo reflexivo, es decir, “obras de pasada”, las cuales las ves, y su “chispa” se consume, pero este creo que es otro problema, ya que generalmente nos centramos en “qué es arte” pero no en los grados o niveles del mismo, o ya por que se etiquete o catalogue como arte tiene que tener un nivel o calidad? Y no me estoy refiriendo a la separación entre arte popular y arte culto, ya que podemos encontrar verdaderas obras de arte en el mundo de la publicidad [considerado un arte popular y de masas, quien lo considere arte (yo me incluyo en los que piensan que sí)]
Si no tuviera una parte estética que diferenciaria habría entre una galería y una librería?
La obra contemporanea que propongo o que me causó una experiencia estética es el “Cremaster III” de Matthew Barney, en especial la parte que se centra en Nueva York y transcurre en el Guggenheim. Puedes echarle en cara que lo único que pretende es impresionar, y con esto no pretendo decir que la experiencia estética tiene que impresionar y sorprendernos, pero realmente creo que transmite una experiencia estética.
Sitúese frente a un cuadro, por ejemplo, de L. Freud. Procure observarlo detalladamente, de una manera pausada. Es muy probable que después de unos segundos usted sienta lo que a continuación se va describir como experiencia estética.
Usted se encuentra, supuestamente, delante de una representación de la realidad, pero la verdad es que se encuentra frente a una realidad en sí misma. Posiblemente, un desnudo masculino, en tonos cálidos, espatarrado en el suelo de una habitación, más bien desangelada, al lado de un colchón de rayas grises. O, quizá, el desnudo sea de una mujer entrada en carnes, recostada de un modo forzado, en un sofá blanco manchado en ocres y pardos. Ambos muestran una calidad técnica y compositiva excepcionales, así como una riqueza de color y textura matérica que no pasan desapercibidos para ningún espectador. Supongo que son ésos los elementos que entran en juego a la hora de tener una experiencia estética.
No obstante, cabe destacar, también, la importancia del concepto en este menester; aunque bien es cierto que se tienen experiencias de este tipo en otras facetas de la vida, donde no ha habido intención artística tal, ya que la estética está presente en todos sus campos, y la experiencia es con el mundo. El concepto, entendido no como una idea, sino como un diálogo entre el artista, la obra y el espectador, refuerza los elementos anteriormente citados, que por sí solos son capaces de producirnos esa experiencia. El placer de reflexionar sobre lo que estamos mirando, la forma, las manchas de color, al tiempo que el conocimiento que nos produce sentir que esas manchas son algo armónico con nosotros mismos.
Rosa.
Bueno... la verdad es que yo esperaba en este apartado algo mucho más sencillo... así que lo voy a interpretar a mi manera.
La experiencia estética más potente y profunda que he vivido en mi vida se produjo cuando tenía 16 años, en el Museo Dalí en Figueras y fue al entrar en la sala del Palacio del viento. Creo que hasta de la hiperventilación me mareé. Las palabras son difíciles cuando se juntan tantas emociones concentradas. Era como vivir un paraíso en esta realidad y a partir de entonces fue cuando empecé a plantearme más seriamente el estudiar la Licenciatura de Bellas Artes, que antes no estaba en Murcia.
Para mí es que una imagen/obra sea capaz de transportarte, de hacerte romper con el mundo por unos momentos y te conmueva interiormente. Por supuesto, no concibo un creador carente de este tipo de emociones, emociones que en mi vida se han ido repitiendo pero nunca a tan alto nivel. Sé que Dalí no es precisamente contemporáneo, pero es mi más claro ejemplo de lo que significa para mí ese tipo de vivencia.
Creo que esa experiencia se basa en el deleite interno, un placer espiritual, mental, psicológico, percibido por los sentidos y traducido en sentimiento.
El Arte creo que es un estímulo para sentir el Arte, y cuanto más se conoce más se siente, más delicados se vuelven tus sentidos para percibir esas sensaciones.
Sé que es justamente lo contrario teniendo en cuenta que he mencionado que mi experiencia más intensa se produjo cuando aún no tenía una formación artística, pero creo que a partir de ese punto he ido experimentando con obras que quizá antes no hubieran supuesto un deleite estético para mí. Seré artista de siempre... supongo.
Yo veo Arte en muchas cosas de este mundo, no sólo en el propio Arte, y vivo y siento empapada de todo eso. Creo que eso configura todo lo que soy, quiero ser y quiero dar y mostrar.
No concibo un mundo sin experiencias estéticas para nadie, aunque por otra parte, tampoco pienso que todo el mundo sea capaz de traducir ideas tan abstractas, como pueden surgirle a un autor, en imágenes capaces de contener esa carga que despierte en los demás sensación.
Hablar de belleza o fealdad no creo que sea la cuestión. Lo feo puede ser bello y lo bello puede ser feo, según el prisma.
Pienso que teorías como la de lo sublime sí que son capaces de acercarse a mi manera de entender ese sentimiento tan inmenso, que incluso puede llegar a dar miedo, en algunos casos.
No vivo en contínuo éxtasis pero procuro extraer esencias de lo cotidiano, hacer un esfuerzo por comprender el porqué de las cosas.
Y realmente no sé si todo esto se aproxima al fin de este apartado pero es lo más sincero que puedo escribir sobre mí como creadora, perceptora de imágenes y persona.
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ideayconcepto dijo
Entonces,
habíamos quedado en una segunda ronda de intervenciones intentando profundizar en qué entendemos por experiencia estética en el arte contemporáneo y relatando experiencias estéticas que hayáis tenido: hablando de obras concretas, de autores concretos...
¡ánimo!
24 Marzo 2007 | 08:09 PM